martes, 5 de junio de 2012

La Edad del Hierro y el auge de la escritura alfabética


El alfabeto fenicio es simplemente el alfabeto protocananeo en la forma en que se prolongó hasta la Edad del Hierro (tomada convencionalmente de la fecha umbral 1050 a. C.). Este alfabeto dio origen al alfabeto arameo y al alfabeto griego, así como, probablemente por transmisión griega, a distintos alfabetos anatolios y protoitálicos (incluyendo el alfabeto latino) en el siglo VIII a. C. El alfabeto griego es el que introduce por primera vez signos vocálicos (Dieron el último paso, pues separaron vocales de consonantes y las escribieron por separado).



 La familia brahámica de India probablemente tuvo su origen a través de los contactos arameos desde el siglo V a. C. Los alfabetos latino y griego a principios de la Era Común dieron pie a distintas escrituras europeas, como las runas, el alfabeto gótico y el alfabeto cirílico, mientras que el alfabeto arameo originó los abyads hebreo, sirio y árabe, y el alfabeto sudarábigo originó el alfabeto ge'ez.


Escritura precolombina (Edad del bronce)


Los sistemas de escritura mesoamericanos son creaciones originales de los pueblos que habitaron Mesoamérica durante la época prehispánica que se emplearon para registrar sucesos importantes en el desarrollo de esos pueblos. Al igual que en Mesopotamia, China y Egipto, Mesoamérica es uno de los lugares donde el desarrollo de la escritura tuvo lugar de manera independiente. La escritura de los pueblos mesoamericanos o por lo menos los sistemas que han podido ser descifrados parcialmente hasta nuestros días combinanlogogramas con elementos silábicos, a los que usualmente se suele calificar de escritura jeroglífica. Las investigaciones arqueológicas han documentado la existencia de menos de una decena de diferentes sistemas precolombinos de escritura en Mesoamérica, aunque las carencias de los métodos para fecharlos hacen muy difícil saber cuál es el más antiguo y, por ello mismo, el que sirvió de base para el desarrollo de los demás.

El mejor conocido de estos sistemas indígenas de escritura es la escritura maya del período Clásico. Algunos fragmentos de la literatura precolombina mesoamericana han sido conservados gracias al empleo del alfabeto latino del idioma español en la transcripción de las tradiciones orales de los pueblos que vivieron en el tiempo de la Conquista. Estas transcripciones se realizaron en ciertos casos —como el Popol Vuh de los quichés en Guatemala o los textos de los informantes de Sahagún en el Centro de México— en las lenguas de los propios indígenas, lo que ha permitido dar alguna luz de cómo eran esas lenguas en el tiempo de la Conquista. En ese tiempo también se destruyeron numerosos códices mesoamericanos —como en el caso del Auto de Maní, donde Diego de Landa quemó alrededor de veintisiete códices yucatecos; o el caso de Juan de Zumárraga que ordenó la destrucción de varios escritos indígenas en Texcoco—, de modo que son muy pocos los documentos indígenas que han llegado a nuestros días.


Escrituras Cretenses


Cuando Arthur Evans encontró vestigios de tres escrituras en Creta para la Edad de Bronce, Lineal A, Lineal B y otro más antiguo, consideró acertadamente este último como anterior en el tiempo a los que él denominó Lineales, pero erró al llamarlo jeroglífico o pictográfico por su parecido, a primera vista, con el jeroglífico egipcio.

No es un sistema de escritura pictórico, sino que, juzgando por el número de símbolos que conocemos (unos cien), es un silabario. Sin embargo, es tan poco el material que se conserva y su contenido es tan breve y recurrente que es prácticamente imposible descifrarlo de momento. Se desconoce, por tanto, la lengua que se esconde detrás de esta escritura.

El "jeroglífico" cretense coexisitió con el Lineal A, por ejemplo en los archivos del palacio de Malia.
El Lineal A tiene unos 10 signos que se puedan encontrar también en el "jeroglífico" cretense con un parecido muy razonable. Por ello y por otras razones se sospecha que puedan estar emparentados, pero son sistemas de escritura distintos tal vez para diferentes lenguas habladas en el mismo lugar.

sábado, 2 de junio de 2012

Trabajo y útiles de los copistas (Parte 2)


    La perforación se podía hacer de una vez sólo sobre un folio o sobre varios, lo que también daba lugar a tipologías distintas. Una vez trazadas las perforaciones, se procedía al pautado o rayado de la página. Sobre la base de los orificios antes realizados se trazaban las líneas de pautado, que también ofrecen gran variedad, dependiendo de zonas y épocas. Las líneas rectrices son las que se usan para escribir el texto, pero también había líneas de justificación marginales, horizontales o verticales, que enmarcaban también el texto. Se creaba así una especie de falsilla sobre la que escribir. Por otra parte, se daban también ciertas marcas como signaturas y reclamos que indicaban el orden de los pliegos: las primeras consistían en una numeración en un extremo de la página, los segundos en escribir al final de una página (normalmente en el margen derecho inferior) la primera o primeras palabras de la siguiente.



       Para la escritura se usaban tintas y tinteros, así como productos de fijación para las mismas. El uso de las tintas se remonta ya al tercer milenio a.C. Se usaba el negro de humo mezclado con goma. Se obtenía una pasta que se solidificaba y que había que diluir para escribir. Había tintas de origen vegetal, fácilmente borrables con una esponja húmeda; en la Edad Media comienzan a usarse otras obtenidas de elementos metálicos. Generalmente se componía de elementos como vidrio, nuez de agallas, vitriolo, goma, cerveza o vinagre. Las tintas eran principalmente negras, aunque la civilización primitiva china las usaba también rojas. De este color se empezaron a usar en Occidente en la Edad Media. Para obtener estos tonos se recurría a otros productos, así la púrpura, extraída de las glándulas de moluscos gasterópodos-, el cinabrio, el carmín o las tierras coloreadas, como la sinópica, además del oro o la plata. Para la escritura estas son básicamente las tintas usadas; sin embargo, un capítulo aparte merecen las tinturas y colores usados en la iluminación de manuscritos, donde se consiguen una gran variedad de tonos por diversos procedimientos.

Trabajo y útiles de los copistas (Parte 1)


   La iconografía existente en los manuscritos iluminados muestra cómo escribían los copistas los rollos o códices. En ella se aprecian los escritorios, las mesas de trabajo, los diversos utensilios para escribir o iluminar e, incluso, las posturas habituales para trabajar: de pie, sentados sobre taburetes, piedras, y reclinados sobre el pupitre o mesa o con una tabla apoyada en las rodillas y fijada a la mesa... hasta sentados en el suelo, o apoyados sobre la rodilla. Según se ha indicado, frente al estilo o el cincel y demás objetos punzantes para la incisión en la escritura característica de los soportes denominados tradicionalmente duros, los usados por los copistas para escribir sobre papiro, pergamino o papel son básicamente el pincel, tallado a bisel y que exigía grandes dotes caligráficas, el cálamo, tallado en punta, de manejo más fácil y, especialmente a partir del siglo IV d.C., la pluma de ave, ganso u oca. Estos útiles se cortaban con un cortaplumas y se afilaban, especialmente la pluma, con piedra pómez o piedra de afilar. Para guardarlos se utilizaba un estuche denominado stilarium, graphiarium theca libraria o calamarium. Fundamentales también para la preparación del códice y para la escritura eran otros instrumentos como: compás, punzón, regla, lápiz de plomo, raspador y esponja.



    El códice se componía de una serie de fascículos, cuya unidad mínima es el bifolio o doble folio, y puede ir aumentando progresivamente su número. Estos folios se doblan y pliegan de diferentes modos y con ellos se formaban distintos cuadernillos. Los formatos y tamaños pueden variar. Una vez formado el códice, constituido el libro, se procedía a preparar las hojas. Primero se perforaban para marcar unos puntos iniciales y finales, sobre los que se marcarían las líneas rectrices por donde debía transcurrir la escritura. Para la perforación se podían utilizar varios instrumentos: el cortaplumas, el punzón, una pequeña rueda dentada, un instrumento de base triangular o una especie de peine metálico. Según fuese el objeto, así dejaba las finas marcas sobre el folio.

jueves, 31 de mayo de 2012

La escritura (Parte 2)


Básicamente la escritura se fija en el soporte por dos procedimientos, por incisión y por trazado, es decir, o bien se inscribe: se graba, esculpe, incide, marca, etc., a veces con incisiones tan débiles que son poco más que rasguños, a veces con rebajes profundos realizados a cincel, dependiendo de la dureza de los materiales; o bien se escribe: se dibuja, se pinta, caligrafía, se imprime; bien con pinceles, plumas, cálamos, lápices, rotuladores, etc., si se trata de escrituras manuscritas, bien con linotipia, cajas, a partir de la imprenta, teclados, soportes magnéticos, etc., y cuantos procedimientos se han desarrollado desde la aparición de las máquinas de escribir y los ordenadores.



En el primer caso la escritura se realiza a punta seca, en el segundo, mediante sustancias fijadores, como la pintura o la tinta. En muchas ocasiones hay una estrecha relación entre el soporte material, la forma de escribirlo o inscribirlo y el contenido de los textos. Cabe suponer que para documentos importantes, textos legales, conmemoraciones de triunfos militares se usa el mármol o el bronce, sobre los que se diseña cuidadosamente la letra y se graba, sobre el costosísimo papiro se pintaban documentos religiosos y simbólicos de los faraones egipcios, pero sobre las paredes de las casas y los muros de las ciudades se pintaban rápidas consignas políticas, mensajes curiosos, obscenos, amorosos, humorísticos, sobre arcilla se anotaban registros de cuentas y relaciones económicas en Mesopotamia, sobre tablillas de cera escribían los niños romanos sus ejercicios escolares, que borraban y volvían a utilizar después, sobre pergamino se iluminaban preciosos manuscritos en la Edad Media con textos literarios, religiosos, científicos; sobre objetos pequeños de oro y metales preciosos o semipreciosos se grababan los nombres de los propietarios o quién y para quién se habían fabricado; en suma, una variedad de materiales, tipos de soportes para una inmensa variedad de tipos de escritos.

 Bien es cierto que, con la aparición del papel, la escritura conocerá el soporte universal para su difusión, dando cabida a cualquier tipo de mensaje, especialmente desde la aparición de la imprenta. Los otros materiales, en unos casos seguirán usándose para funciones específicas y bien delimitadas y otros prácticamente desaparecerán como soporte de escritura.

La escritura (Parte 1)


 La escritura sólo es imaginable a través de los soportes empleados para albergarla, de los materiales usados para esgrafiarla, tallarla o pintarla. Frente a la cultura oral, cuya única depositaria era la memoria, con el nacimiento de la escritura se dio paralelamente la utilización de múltiples y variadísimos soportes y el desarrollo de muy diversas técnicas para realizarla.

 Puede decirse que casi cualquier material susceptible de ser pintado, ya sea de origen orgánico, animal o vegetal, ya inorgánico, piedras o metales, han servido alguna vez como soporte de escritura. Realizar una historia de la escritura lleva aparejado inevitablemente contemplar un estudio de los materiales en que ésta se ha desarrollado, pues la elección de los mismos depende de factores que van desde los conocimientos y técnicas desarrollados en una determinada zona, como lo fue el papiro en Egipto, al uso de materiales a mano, sencillos de usar o económicos, como la madera, las tablillas de cera o la pizarra; o al empleo de la escritura con fines sociales y políticos que buscan establecer mensajes duraderos, a ser posible perennes, que alcancen a toda la población, como las inscripciones monumentales romanas en piedra. Por otra parte, el uso de distintos materiales no sólo comporta distintas técnicas, sino que condiciona también la evolución misma de la escritura, tanto si se trata de sistemas ideográficos, como los jeroglíficos, logogramas, silabarios o escritura alfabética. De hecho en la evolución de la escritura alfabética se operan cambios sustanciales, como se puede ver en la escritura de Roma, desde las primeras inscripciones capitales, monumentales o rústicas, al uso cursivo de la misma dado en los grafitos de las paredes o en los rollos de papiro, desde las antiguas escrituras a las nuevas cursivas que comenzaron hacia el siglo III d.C.

 Por contra, la evolución de la escritura causa, en ocasiones, que textos escritos en un soporte se trasladen a otro al copiarlos, dada la antigüedad de los tipos gráficos que se vuelven cada vez más incomprensibles, como ocurrió con muchos textos escritos en papiro, que al copiarlos en una escritura más “moderna” o inteligible en épocas posteriores, se reprodujeron en pergamino. La interrelación entre escritura y soportes materiales es tan evidente que la existencia misma de algunas ciencias ligadas a ella se define en función de éstos, al menos en su concepción más restringida. Así tradicionalmente, y casi sin oposición hasta la mitad del siglo XX, se han venido marcando distinciones entre ciencias como la epigrafía -destinada al estudio de la escritura y los textos inscritos en materiales duros, como la piedra o el mármol-, frente a la paleografía -que se encargaría del estudio de las escrituras antiguas, pero con exclusión de esos materiales duros-; y entre ésta y la papirología, dedicada fundamentalmente a la escritura realizada sobre este material o, en todo caso, a aquellos tipos de escritura que participan de caracteres similares a ésta en su forma o ejecución, aunque el soporte sea distinto. Aunque los conceptos se han perfeccionado y el objeto de estudio de cada una de estas áreas se ha perfilado con bastante más nitidez en la segunda mitad del siglo XX y se tiende a una concepción globalizadora del estudio de la escritura que integre los diferentes campos desde los que ésta puede abordarse, las definiciones tradicionales apuntaban a la importancia intrínseca de los materiales y técnicas empleados en el arte de escribir. Importancia que sigue siendo reconocida, no obstante, de forma general, aunque puedan haber variado los conceptos de las ciencias que se ocupan de la escritura.